En este camino hacia la paz interior, la emoción que más me ha costado controlar es el enojo, especialmente cuando sé que tengo la razón de estar enojada.

He logrado avanzar bastante catalogando en mi mente las situaciones, que a pesar de merecer toda mi ira, no son tan importantes. Me refiero a todas las que salen de mis manos y son parte del entorno. Por ejemplo, hace un tiempo acompañé a mi madre a una cita en el hospital, y después de esperar 4 horas en una incómoda banca, nos dijeron que no la podían atender porque no encontraban su expediente, (valga aclarar que esas 4 horas fueron desde las 6:30 a.m.). Aunque estuve a punto de enojarme mucho, logré entender que mi enojo no iba a cambiar nada y que no valía la pena perder la paz, así que solamente lo acepté.

Cuando además de enojar, duele

Es relativamente fácil no enojarse en este tipo de situaciones que salen de nuestro control y que son cotidianas.

Pero en cambio es mucho más difícil controlar el enojo hacia una persona que amamos cuando nos hiere.

En ese momento en el que nos dicen algo terriblemente injusto y fuera de la realidad (nuestra realidad), y sentimos una mezcla de indignación con enojo, dolor y otra vez indignación. Sabemos que tenemos la razón, pero también sabemos que nada de lo que digamos va a cambiar la opinión de la otra persona, y por supuesto esto nos vuelve a enojar, indignar y entristecer.

No podemos creer que esa persona a la que queremos tanto, tenga un pensamiento tan erróneo acerca de nosotras.

¿Puedo manejar esto?

Cuando tenemos este revoltijo de emociones, el que tiene el control en ese momento es nada más ni nada menos que el EGO. Ese ente maligno que es parte de nuestro ser y que nos cuesta tanto dominar.

Para lograr mantener la paz mental y no caer en las provocaciones, tenemos que estar conscientes de esto. Te aclaro que no es que yo lo haya logrado aún, pero si te puedo asegurar que cada vez me enojo menos. Casi siempre me doy cuenta después de reaccionar, pero aunque no parezca, este es un paso enorme.

Es importante analizar varias cosas. La primera es que no eres responsable de los pensamientos o actitudes de los otros. La segunda es que cada persona vive una realidad diferente e interpreta las situaciones desde su perspectiva, y la tercera es que solo tu tienes el poder de permitir qué te afecta.

Transforma la Energía

Verás que si concientizas estas cosas, te será más fácil controlar el enojo, o al menos podrás salir más rápidamente de ese estado.

Transforma este sentimiento en uno positivo, si es necesario aclarar tu punto, hazlo de manera prudente, habla calmada y busca la mejor forma de explicarte sin discutir. Si a pesar de hacer esto la persona sigue pensando igual, déjalo ir, tu ira no conseguirá que cambie de opinión.

No discutas ni abras espacio para un dimes y diretes que solo va a dejar resentimientos para ambas partes. Recuerda que el ego es muy traicionero y se disfraza de razón y sensatez. En la realidad de lo que vale la pena, que es la espiritualidad, no ganas teniendo la razón, seguirás siendo la misma.

Y lo más difícil, no permitas que te afecte, no permitas que te duela. Cubre tu interior con paz y amor propio que no deje entrar el veneno de otros.

Aléjate de las personas nocivas

Controlar el enojo, y no permitir que las ofensas o las actitudes de otros influyan en tu estado de ánimo y en tu felicidad, no significa que debes soportar las cosas y hacerte de la vista gorda. Si alguna situación llega a afectar tu integridad física o moral, aléjate.

Aléjate de las personas que no aportan alegría a tu vida, y en cambio solo te generan estrés y de alguna forma dañan tu autoestima.

TU FELICIDAD ES TU RESPONSABILIDAD

Tu eres la responsable de velar por TU bienestar físico y emocional, cuida tu mente y tu corazón.


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