Cuando nos separamos de esa persona a la que hemos amado por años, nuestro cerebro reacciona igual que ante una muerte.

Es casi un dolor físico y creemos que jamás volveremos a ser felices con alguien más.

Todo lo que vemos, los lugares que visitamos, los aromas y las canciones nos recuerdan los mejores momentos de la relación y nos apegamos a esa sensación aunque nos haga daño.

Existen muchos tipos de separaciones y muchas causas. Pero sea como sea, siempre será porque esa persona no era la indicada para compartir nuestro camino.

Vive el duelo

Cuando te separas, estás ante la muerte de tres personas. La que eras con tu pareja, la que tu pareja era contigo y la que formaban juntos.

Una relación es casi un ente con vida propia. La alimentan las costumbres, las bromas y los momentos que son solo de los dos, ese lenguaje que nadie más entendería.

Al terminar y tomar caminos distintos, todo eso desaparece, y aunque cada uno encuentre una nueva pareja, jamás volverá a repetir lo que hacían juntos. Siempre será una nueva vida.

Esto puede ser muy romántico al inicio, cuando todo nace. Pero es muy doloroso cuando todo muere.

Siendo así, te enfrentas a un duelo, y si no sabes lidiar con él, puede causarte mucho daño y puedes acabar sin tener nunca más una relación estable.

Saber esto puede ser clave a la hora de superar la separación. Lo importante es que no huyas de ese dolor, por el contrario vívelo y súfrelo todo lo que necesites.

Tocar fondo

La única diferencia entre una muerte y una separación es que tu ex pareja sigue viva. Claro que es muy obvio, pero en realidad es importante mencionar esto, por tonto que parezca, porque esto hace mucho más difícil el proceso.

Cuando alguien muere, sabemos que no hay vuelta atrás, y que no podremos verla nunca más. En cambio, cuando nos separamos, sabemos que esa persona sigue ahí, y pasamos alimentando falsas esperanzas.

Lo que debes entender es que aunque siga viva, esa no es la misma persona a la que amaste.

Debes resignarte a que eso que fue contigo murió, y que la relación también lo hizo. Va a doler muchísimo, y vas a sentir que no puedes levantarte, pero después de llorar todo lo que tengas que llorar, te levantarás un día sintiendo como mágicamente el dolor ha desaparecido.

Tocar fondo significa sufrir y vivir ese dolor, y debes llegar a este punto para poder sanar.

Distracciones

Generalmente después de la separación pasamos por diferentes fases.

La primera es mucha tristeza, enojo y un poco de incredulidad. No creemos realmente que todo se haya acabado.

Empezamos a crear falsas espectativas de cómo la está pasando el otro, y esperamos que todo se arregle.

Mientras tanto, intentamos distraernos con cualquier cosa, y evitamos estar solas con nuestros pensamientos y sentimientos.

Lo que te puedo decir es que aunque esta fase puede ser necesaria, entre más rápido termine mejor.

Lo ideal es que te enfrentes a ti misma, a tu dolor y tu despecho. Solo así podrás sanarte y seguir adelante. Mientras sigas postergando este momento, seguirás en el mismo lugar.

Consejos que te pueden servir

Lo principal es que no trates de encontrar culpables, y mucho menos que tu te sientas culpable. No te tortures pensando que eres responsable y que podrías haber hecho mejor las cosas.

Está bien que seas auto crítica y que sepas reconocer tus errores, pero no cruces la línea acusándote y hostigándote por eso.

Si cometiste errores, aprende de ellos, pero nunca te maltrates por tus actos pasados. Piensa en ti con amor, y entiende que en ese momento hiciste lo mejor con las herramientas emocionales que tenías.

Perdónate y perdona. Si te han hecho daño, te han lastimado y te han roto el corazón, no guardes rencor. Una vez que perdones, tu carga se hará mucho más liviana. Lo que pasa siempre es lo mejor, y si terminaste con esa persona, es porque así tenía que ser.

Conecta con tu interior, busca dentro de ti las respuestas, y una vez que las encuentres no las olvides ni dejes que tu mente y tu ego las nuble.

Ama y respeta tu proceso, no te va a dejar de doler de la noche a la mañana, pero cada día que pasa estás más cerca de florecer de nuevo.


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